miércoles, 30 de enero de 2013

Lista de Dioses y Diosas



TIBERIA
Admes: dios protector de trabajadores/as y comerciantes tiberianos.
Basha: diosa protector de pensadores/as tiberianos.
Talos: dios protector de guerreros/as tiberianos.

DAGORIA
Esira: diosa madre de las 3 tribus antiguas de dagoria: (athalos, berinos y eruvitas)

ARKADIA
Okrar: dios de la guerra arkadio.
Kayya: diosa arkadia de la tierra, los cultivos y la vida.
Arkam: dios arkadio creador de todos los animales y personas
Siraia: diosa arkadia de los bosques y las plantas.
Colkum: dios arkadio de las montañas.
Fesis: dios arkadio del mar y el agua.
Urk: dios arkadio del sol.
Atha: diosa Arkadia de la luna.
Balkar: dios arkadio guardián de los muertos.

Linea del tiempo


Año
Algunos sucesos destacables.
0-56
Reinado de Urkaildu I de Tiberia
0-60
Reinado de Hakon de Arkadia
43
Hakon Hensir conquista Gaterlum a los berinos
56
Sakarbik Rey de Tiberia con 15 años
60
Sakarbik se casa con Enserume Touto con 19 años.
60
Rey de Arkadia: Kodran Hensir
60-70
Plan Imperial, gobernar los 3 reinos.
70
Sakarbik rapta a Durnia usando el Colgante
70
Nace Imelda Asatru (hija de Sakarbik y una eruvita)
70
Nace Alaun Gorisan (hijo de Sakarbik y Enserume)
70
Nace Orn Hensir (hijo de Sakarbik y Durnia)
71-82
1ª Guerra Arkadio-Tiberiana
82
Arkadia toma torre en Turenia, libera a Durnia. Orn huye al norte.
82
Nace Akkia (hija de Thordis Svarti y Durnia)
82
Muere Hakon Hensir
83-88
La paz de los 5 años.
88
Imelda I se proclama reina de la aún no formada Dagoria.
88-90
Guerra de unificación en Dagoria.
90-92
Guerra de los Tres Reinos.
90
Dagoria reconquista Gaterlum
90
Arkadia conquista Turenia
91
Arkadia conquista Gaterlum
91
Tiberia reconquista Turenia
92-93
2ª Guerra Arkadio-Tiberiana
92
Tiberia conquista Warascum
93
Ultinos Tarkun se rebela contra Sakarbik en Tiberia. Recibe el apoyo de Arkadia.
94
Toma del Palacio Real, triunfo rebelde. Muere Sakarbik, Enserume y Alaun. Se devuelve Warascum a Arkadia.
94-98
Dictadura de Ultinos Tarkun. Vencer resistencias internas
99
Se instaura la Tetrarquía de Tiberia.

lunes, 28 de enero de 2013

(Cap. 4) Año 101. Abril. Kobentria, Tiberia.



La primavera desplegaba todo su poder y con ella, una explosión de colores, olores y sabores llenaba todo el Reino de Tiberia. Las campesinas y campesinos habían estado trabajando duro, desde que acabara el invierno, para preparar los campos, los árboles y los animales. Los mercados se llenaban otra vez de frutas, verduras, carnes, quesos, mieles, bayas, plantas medicinales y otros productos. Los mercaderes comerciaban con madera y piedra para construir nuevos edificios,  con metales y trinium para fabricar herramientas y armas, o con telas y tintes para las túnicas, capas y otras ropas de los ciudadanos y ciudadanas de Tiberia. Las monedas se gastaban casi tan rápido como se ganaban y un ambiente de felicidad y progreso inundaba Kobentria.
Iceatin se levantó de la cama. Llevaba un rato despierta repasando sus tareas y por fin se había decidido a empezar el día y afrontar de buena gana lo que Basha le deparara. La suave tela adamascada, que le había servido de sábana durante la noche, se deslizó impúdicamente por su cuerpo dejándolo completamente al descubierto e iluminado por el sol matinal que ya entraba por las amplias ventanas de la habitación. Nisunin, observaba su esbelto cuerpo también desnuda, mientras la miraba de forma pícara incitándola a quedarse junto a ella, para continuar con las caricias y los besos que el amanecer había puesto fin.
― Nisu, he de marcharme ya si quiero encontrar a ese tal Crátilo. Perdóname. ― dijo Iceatin mirando a su compañera mientras se vestía con su túnica.
Nisunin sabía que tenía razón. Ella misma había sido Magistrada Máxima, hacía apenas un             par de meses, y la responsabilidad que sus conciudadanos y conciudadanas habían depositado en ella, le hacían dedicarse por entero a sus obligaciones. No obstante, y gracias a Basha, ella ya no ocupaba ese cargo y podía dedicarse por completo a sus intereses, pero tenía que entender que Iceatin tenía muchas responsabilidades. Se levantó y se dirigió al centro de la habitación, donde se encontraba una pequeña bañera, vertió el contenido de una jarra de cerámica en el agua templada, e inmediatamente la habitación se llenó de un fresco perfume floral. Iceatin sonreía mirándola, consciente de sus intenciones, pero era la hora de hablar con Crátilo y no podía demorarse más. Así que se acercó a Nisunin, que ya se encontraba dentro de la bañera, y le dio un beso en los labios mientras le pasaba una mano entre sus pechos. Después de eso, y sin más dilación, abandonó la habitación, bajó las escaleras hasta la planta principal de su casa, cruzó el peristilo y puso rumbo al Foro.
― Es Gaïa la madre de todos los dioses y diosas, creadora del mundo que lleva su nombre, hacedora de hombres y mujeres, omnipotente y omnipresente.  Ella sabe de vuestras necesidades y escucha vuestras peticiones. ― relataba Crátilo mirando a sus alumnos y alumnas.
Iceatin se acercó disimuladamente al grupo reunido en torno al anciano, en una de las esquinas del Foro.
― Maestro, ¿Cómo sabemos de qué forma debemos actuar para que Gaïa nos considere dignos hijos suyos ?― preguntó un chico.
― Durante mi estancia en el monte Kurian, Gaïa me explicó que ante cualquier acción, podemos actuar de dos formas: haciendo el Bien o haciendo el Mal. Dependiendo del camino que tomemos, obtendremos un resultado u otro a nuestros actos. Gaïa es la justicia y por ello, nos recompensará en la vida por nuestros buenos actos y nos castigará por los malos.― explicó Crátilo mientras observaba como sus alumnas y alumnos sonreían felices al conocer aquella verdad.
― ¿Y quién decide lo que es Bueno o Malo? ― intervino decidida Iceatin. El resto de asistentes se giró para observar a la nueva participante. Iceatin había tomado la precaución de dejarse su estola identificativa como Magistrada Máxima para pasar desapercibida.
― ¡Gaïa, por supuesto!, sin duda para cualquier mortal es fácil saber cuándo actúa bien o mal. Es Gaïa, que habita en nuestra alma, la que nos lo  susurra.― contestó Crátilo contento.
― Y supongo que Gaïa no estará sola, tendrá algún representante en la tierra, alguien que guie a sus fieles.
― Ante Gaïa somos todos y todas iguales. Ella vive dentro nuestro, solo tenemos que escucharla. Ella nos guía por el camino del Bien y nos aleja del Mal. ¿Quién no la ha oído alguna vez? ¿Quién no ha sido tentado por el Mal y no ha sido advertido por Gaïa? ― añadió Crátilo. Las personas concentradas miraban con admiración a aquel anciano delgado de mediana estatura, barba, pelo blanco y pequeños ojos verdes. Su voz tranquila y firme, expulsaba aquellas frases de forma melódica acompañándolas de seguros movimientos con los brazos.
― Las cuestiones humanas son más complejas que ese reduccionismo del Bien y el Mal. Nuestros dioses reconocen nuestra diversidad de acción y valoran nuestra libertad. Ese camino único del Bien del que hablas, consiste en atar a la gente a la voluntad de otras personas. ― intervino Iceatin.
― Gaïa, la Madre de todos y todas, sabrá perdonar a quien camine por el recto sendero del Bien y ponga fin a su vida vacía y llena de excusas para obviar lo que es correcto. ― respondió Crátilo dirigiéndose a su público. Se había acercado más gente de la plaza, conforme la discusión había ido en aumento y ahora los y las asistentes, empezaban a levantarse sonrientes para abrazar al anciano.
Iceatin apretó los dientes y maldijo a aquel hombre que malinterpretaba sus palabras y ganaba adeptos y adeptas tan rápidamente con sus palabras envenenadas. Habría querido seguir dialogando con aquel hombre hasta hacer ver a la gente sus intenciones, de cómo sus seguidores y seguidoras iban a pasar a las órdenes de alguien que iba a decidir por ellos y ellas que era lo correcto o lo incorrecto; pero el repentino punto y final de aquella concentración la había interrumpido, obligándola a parar. Se levantó y se separó de aquel grupo, y fue alejándose mientras le daba vueltas a lo ocurrido.


Por la noche, como todos los días, Crátilo se dirigió sigilosamente a casa de su amigo Alucio Touto. Caminaba por las calles de Kobentria cubierto por una túnica morada casi negra, evitando las antorchas que iluminaban el camino y los guardias que hacían su ronda. Precisamente el que nadie conociera donde se alojaba, era algo que traía de cabeza a Iceatin, que no se explicaba cómo o porque, aquel anciano sureño aparecía y desaparecía de la ciudad de forma tan misteriosa.
Alucio y él se habían conocido hacía unos nueve años, cuando Sakarbik Gorisan y Enserume Touto aún gobernaban en Tiberia. Alucio, era hermano de Enserume, y por aquel entonces formaba parte de la Corte. Nueve años atrás, Dagoria, Arkadia y Tiberia se encontraban en guerra, tras la unificación dagoriana.  Tiberia y Dagoria estaban asfixiando a Arkadia militarmente, pero el rey Sakarbik tenía problemas en sus propios territorios, su pueblo, enloquecido, se estaba organizando para deponerlo. Hasta la guerra contra Arkadia estaba en peligro al sucederse las deserciones en masa del ejército tiberiano. Así que Alucio viajó al sur por primera vez, para reclutar mercenarios tâsam, que protegieran al Rey Sakarbik y le ayudaran a conquistar Warascum y Elasgund.  Se reunió con todas las tribus tâsam, para que le prestaran su apoyo a cambio de dinero, pero la división entre ellas impidió que un gran número de soldados le acompañara. Crátilo, al que en su tierra natal llamaban Qatil, recordaba que por aquel entonces, recomendó al impetuoso Alucio utilizar una estrategia más poderosa que la guerra, la fe. Claro que entonces él solo era el quinto hijo del jefe de la tribu kurian, y su padre no compartía su opinión. Alucio no hizo caso de Qatil, pero sí de su padre y reclutó un pequeño contingente tâsam que fue suficiente para tomar Warascum, pero insuficiente para proteger a Sakarbik y su familia, que murieron al ser asaltado el Palacio Real por el pueblo tiberiano, dos años más tarde.
Crátilo se paró frente a la puerta de Alucio y miró a ambos lados para asegurarse de que nadie le viera entrar. Luego, llamó a la puerta con cuatro golpes, que fueron respondidos por dos golpes desde dentro, y a los que él volvió a contestar con un nuevo golpe. Entonces la puerta se abrió, una muchacha muy servicial volvió a cerrar la puerta y pasó el cerrojo. Lo acompañó al interior de la vivienda y le señaló una puerta. ― Hemos localizado a Orn ― dijo sonriente Sigurd cuando Crátilo entró.